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				<journal-title>Intersticios sociales</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Intersticios sociales</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">2007-4964</issn>
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				<publisher-name>El Colegio de Jalisco, A.C.</publisher-name>
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					<subject>Sección general</subject>
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			<title-group>
				<article-title>Los estudios hidrográficos de México en el <italic>Diccionario Universal de
						Historia y Geografía</italic>, 1853-1856<xref ref-type="fn" rid="fn1"
							><sup>1</sup></xref></article-title>
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						<surname>Vega y Ortega</surname>
						<given-names>Rodrigo</given-names>
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					<label>*</label>
					<institution content-type="original"> Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Profesor del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Maestro en Historia por la UNAM. Sus líneas de investigación comprenden Historia social de las ciencias e Historia de la divulgación científica. rodrigo.vegayortega@hotmall.com</institution>
					<institution content-type="normalized">Universidad Nacional Autónoma de México</institution>
					<institution content-type="orgdiv1">Facultad de Filosofía y Letras</institution>
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				<year>2016</year>
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen:</title>
				<p>Entre 1853 y 1856 en la Ciudad de México se publicó el <italic>Diccionario Universal de
						Historia y Geografía</italic> que incluyó gran cantidad de escritos
					geográficos, como los encaminados a describir la gama de recursos hídricos del
					país. El análisis de los contenidos hidrográficos revela la caracterización
					científica de tales recursos a partir de los intereses de los autores, tanto
					hombres de ciencia como amateurs, de México y el extranjero al llevar a cabo un
					inventario de ríos, cascadas y lagos susceptibles de aprovechamiento económico
					por parte del Estado y algunos empresarios. La descripción de tales recursos
					hídricos abarcó diversas regiones de la república mexicana, lo que constituyó la
					primera representación hidrográfica con aspiración totalizante. Esta
					investigación se propone vincular algunos aspectos ambientales con la historia
					de la ciencia mexicana a través de los contenidos hidrográficos.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract:</title>
				<p>The Universal <italic>Dictionary of History and Geography</italic> (<italic>Diccionario
						Universal de Historia y Geografía</italic>) was published in Mexico City
					between 1853 and 1856. It presented numerous texts on geography, including a
					series that sought to describe the range of hydric resources in the country. An
					analysis of the Diccionarios hydrographic contents reveals the scientific
					characterization of those resources reflected in the interests of the various
					authors, a group that included amateurs and men of science, Mexicans and
					foreigners, who together elaborated an inventory of rivers, waterfalls and lakes
					suitable for economic exploitation by the State or private entrepreneurs. The
					descriptions of those hydric resources spanned diverse regions of the Mexican
					republic, the first hydrographic representation that aspired to achieve total
					coverage. This study seeks to forge links between certain environmental elements
					and the history of science in Mexico by analyzing the hydrographic contents of
					this Dictionary.</p>
			</trans-abstract>
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				<title>Palabras clave:</title>
				<kwd>México</kwd>
				<kwd>geografía</kwd>
				<kwd>agua</kwd>
				<kwd>ciencia</kwd>
				<kwd>enciclopedia</kwd>
			</kwd-group>
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				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Mexico</kwd>
				<kwd>geography</kwd>
				<kwd>water</kwd>
				<kwd>science</kwd>
				<kwd>encyclopedia</kwd>
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				<award-group award-type="contract">
					<funding-source>proyecto PAPIIT</funding-source>
					<award-id>IN 302416</award-id>
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					<funding-source>proyecto PIFFYL</funding-source>
					<award-id>2015-032</award-id>
				</award-group>
				<funding-statement>Esta investigación es parte del proyecto PAPIIT núm. IN 302416: &quot;Las investigaciones geográficas y naturalistas en México (1786-1950)&quot;. Responsable, Dra. Luz Fernanda Azuela Bernal, Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). También es parte del proyecto PIFFYL (2015-032) &quot;Historia ambiental iberoamericana (siglos XIX y XX): propuestas historiográficas y metodológicas&quot;. Responsable, Dr. Rodrigo Vega y Ortega, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM</funding-statement>
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		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>En las últimas décadas la historia del agua en México se ha desarrollado con vigor desde varias perspectivas historiográficas, por ejemplo los estudios ambientales, regionales, agrarios, antropológicos, legales, diplomáticos y económicos, con énfasis en el siglo XIX.<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref> No obstante, pocos historiadores han profundizado en los aspectos científicos, en particular los geográficos, vinculados con la exploración hidrográfica de la república mexicana o éstos han tenido un papel secundario en varias investigaciones. De igual manera, han sido varios los estudios históricos que han abordado la práctica de los geógrafos mexicanos, también denominados como letrados, ya fueran amateurs<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref> o profesionales, en la misma centuria, pero aún son escasos los trabajos que analizan la gama de investigaciones que éstos llevaron a cabo sobre los recursos hídricos del país.</p>
			<p>La historia social de la ciencia aporta elementos para reconocer en la oligarquía de cada región, incluida la Ciudad de México, la unión de los letrados entendidos como los &quot;hombres sabios y eruditos&quot; afines a proyectos culturales donde se velaba por el &quot;gobierno de muchos&quot; frente al de uno solo a diferencia de la dinámica política de la época.<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref> La República de las Letras se caracterizó por acoger a aquellos hombres que practicaban alguna ciencia o materia del &quot;árbol del conocimiento&quot; y que se daban a conocer mediante impresos o manuscritos donde abordaban diversas reflexiones, &quot;descubrimientos&quot; y polémicas en torno de un tema. Como señala Joaquín Álvarez, &quot;el término hombre de letras, además de ser sinónimo de escritor, englobaba a cuantos tenían algún contacto con ellas, ya fueran autores o no&quot;, pues los lectores poblaron en gran número este espacio culto.<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref> La esfera intelectual se consideró un territorio utópico en el que se omitirían las diferencias de rango, orígenes, lengua, sangre o religión.<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref>
			</p>
			<p>Los letrados promovieron el estudio geográfico sobre los ríos, cascadas y cuerpos de agua de
				Europa y América entre 1800 y 1860, pues de forma paulatina se valoraron como medio
				de transporte, fuente de energía, sustento de la agricultura y la ganadería,
				frontera política, beneficio terapéutico y líquido necesario para la vida humana. Lo
				anterior dio pie a que en ambos continentes se publicara una bibliografía
				especializada -artículos de revistas, libros, manuales y folletos- en la cual los
				geógrafos del mundo analizaban el papel de la Hidrografía en el &quot;avance&quot;
				material de la humanidad, por ejemplo, el célebre <italic>Discurso sobre los
					progresos y estado actual de la Hidrografía en España</italic> (1809) de Luis
				María de Salazar (1758-1838) que dio pie a diversos estudios similares en
				Iberoamérica.</p>
			<p>Como parte de dicha bibliografía especializada vieron la luz varios diccionarios geográficos
				europeos y americanos que se afirmaron como &quot;el almacén ordenado de topónimos,
				excluyendo las definiciones de términos geográficos y evitando cualquier tentación
				de transformarlo en un sustituto de un tratado sistemático de Geografía&quot;.<xref
					ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref> Este tipo de obras amplió la
				diversidad de impresos científicos al alcance de los hombres de ciencia y de un
				amplio público interesado en los aspectos prácticos de la Geografía en términos
				económicos. De esta manera, la práctica geográfica mexicana de la primera mitad del
				siglo XIX estuvo conformada por decenas de <italic>amateurs</italic> que efectuaron
				el reconocimiento territorial y de los recursos de la república. Los editores de los
				diccionarios geográficos también se plantearon &quot;facilitar una información
				ordenada, amplia y veraz sobre las entidades geográficas. Éstos se concibieron,
				sobre todo, como instrumentos útiles a [profesionales y <italic>amateurs</italic>] y
				fueron personas e instituciones con intereses [humanísticos y científicos] los que,
				con frecuencia, acometieron su realización&quot;, como geógrafos, naturalistas,
				empresarios, historiadores, literatos, abogados, sacerdotes, médicos e
					ingenieros.<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref> Entre las obras
				mexicanas resaltó el <italic>Diccionario Universal de Historia y Geografía obra dada
					a la luz en España por una sociedad de literatos distinguidos y refundida y
					aumentada considerablemente para su publicación en México con noticias
					históricas, geográficas, estadísticas y biográficas sobre las Américas en
					general, y especialmente sobre la República Mexicana</italic>
					(<italic>DUHG</italic>). Esta obra se compuso de diez volúmenes, de los cuales
				los dos primeros se imprimieron en la tipografía de Rafael de Rafael y Vilá y el
				resto en la imprenta de Francisco Escalante y Compañía. El público interesado en
				esta obra adquiría los fascículos que se ponían a la venta mediante suscripción o
				los tomos encuadernados en la librería capitalina de José María Andrade
					(1807-1883).<xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref> Este diccionario
				requirió de un amplio esfuerzo económico, editorial e intelectual por parte de los
				editores de la Ciudad de México para acopiar el conocimiento local remitido por
				amateurs y profesionales de varios poblados acerca de la naturaleza, la sociedad y
				el territorio para conformar una representación nacional.</p>
			<p>Cabe mencionar que la participación <italic>amateur</italic> en la exploración geográfica se
				remonta a los primeros años del México independiente, como el caso de Simón Tadeo
				Ortiz de Ayala (1775-1833),<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref> quien
				en <italic>Resumen de la Estadística del Imperio Mexicano</italic> (1822) y en
					<italic>México considerado como nación independiente y libre</italic> (1832)
				expresó las ventajas del estudio científico de los principales ríos del país como
				recursos del medio &quot;con el objeto grandioso de animar la agricultura e
				industria, y facilitar el tráfico y comunicaciones interiores, dando impulso al
				comercio activo exterior&quot; para generar la prosperidad de México.<xref
					ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref> Esta visión utilitaria de los ríos
				se mantuvo por varias décadas como se refleja en el <italic>DUHG</italic>.</p>
			<p>Hasta hace poco tiempo, los <italic>amateurs</italic> habían sido incluidos en la
				historiografía al valorarse como individuos &quot;capaces de participar tanto de la
				cultura académica como de la cultura popular, y de contribuir al proceso de
				democratización del saber&quot;.<xref ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref>
				Los profesionales estuvieron acompañados de una gama de individuos que ampliaron la
				cultura científica como factor imprescindible para el bienestar y el progreso
				material de la sociedad.<xref ref-type="fn" rid="fn13"><sup>13</sup></xref>
			</p>
			<p>Esta obra se conformó con el arduo trabajo de un grupo de letrados residente en la ciudad de
				México que mantenía correspondencia con otros intelectuales repartidos en el
					país.<xref ref-type="fn" rid="fn14"><sup>14</sup></xref> Este grupo se propuso
				dar a conocer una obra enciclopédica que reflejara las riquezas naturales y
				geográficas, el legado cultural y la heterogeneidad social de la nación. En la obra
				se incluyeron escritos referentes a la Geografía Física de la república mexicana, la
				descripción de los asentamientos humanos, estadísticas acerca de los ramos
				económicos -comercio, agricultura, minería, industria y ganadería- y costumbres
				sociales, así como estudios sobre delimitación política interna y con los países
				vecinos. Sin duda, los 3 441 artículos que consignaron 4 693 poblaciones mexicanas
				distribuidas en los diez volúmenes del <italic>DUHG</italic> señalaron una cifra
				récord para la época, pues ninguna obra científica hacía referencia a tal cantidad
				de localidades. Aunque es evidente que dicha cifra no era la totalidad de la nación,
				sí fue un paso importante en su conocimiento certero.</p>
			<p>De los 3 441 artículos del <italic>DUHG</italic>, los de tema geográfico corresponden a 1 156
				que representan 34.6 % del total. Esto muestra la impronta científica en la obra
				enciclopédica mexicana. Dentro del rubro geográfico, los tópicos con mayor cantidad
				de entradas del <italic>DUHG</italic> fueron la orografía, la determinación de
				puntos urbanos del territorio mexicano, la caracterización urbana y la descripción
				de los caminos del país. En menor medida, resaltaron los datos demográficos, las
				investigaciones vulcanológicas, geológicas, meteorológicas e hidrográficas.</p>
			<p>El rubro de los recursos hídricos ocupó un lugar especial por el número de artículos, un total de 131, que representan casi 11.34 % del total de escritos geográficos, lo que brindó al lector una puntual caracterización hidrográfica de ciertas entidades políticas, gracias a la intervención de decenas de autores nacionales y extranjeros que contribuyeron a confeccionar tal obra enciclopédica.<xref ref-type="fn" rid="fn15"><sup>15</sup></xref> Las entidades incluidas en el rubro hidrográfico, de acuerdo con el número de escritos son: Veracruz (26), Chihuahua (21), Sonora (18), Yucatán (17), Sinaloa (11), Jalisco (7), Chiapas (6), Colima (5), Durango (4), Coahuila y Estado de México (3), Puebla (2), Aguascalientes, Campeche, Distrito Federal, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Oaxaca, Querétaro, Tabasco y Tamaulipas (1). El número de entradas del DUHG dependió de la labor de los letrados capitalinos de acopiar los datos que estaban a su alcance en los establecimientos científicos y de intelectuales de las regiones que se comprometieron con el proyecto enciclopédico al mandar información de los recursos hídricos que conocían.</p>
			<p>El <italic>DUHG</italic> fungió como un inventario regional de gran cantidad de ríos, lagunas,
				manantiales, aguas termales, cascadas, ojos de agua y lagos susceptibles de
				aprovechamiento y modificación científico-técnica por parte del Estado mexicano y de
				particulares. En los diez volúmenes resalta la concepción utilitaria de los recursos
				geográficos y naturales existentes en la república mexicana, &quot;este hecho se
				considera de fundamental importancia para entender cómo se da la apropiación del
				territorio y, al mismo tiempo, de los recursos naturales&quot;.<xref ref-type="fn"
					rid="fn16"><sup>16</sup></xref> Es probable que el énfasis geográfico estuviera
				a cargo del geógrafo Manuel Orozco y Berra (1816-1881),<xref ref-type="fn"
					rid="fn17"><sup>17</sup></xref> quien participó en la organización del
				proyecto.</p>
			<p>Los editores del <italic>DUHG</italic> prepararon los tomos con varios años de antelación a
				partir del acopio de información mediante tres acciones generales. La primera se
				basó en la reunión de datos, información y relatos de exploración que se encontraban
				inéditos en los archivos de las secretarías de Estado, en especial las de Relaciones
				Interiores y Exteriores, y Guerra y Marina, además de algunos ayuntamientos, el
				Congreso de la Unión y los congresos estatales, las escuelas de instrucción
				profesional, las agrupaciones letradas y el Archivo General. La segunda vía fue la
				publicación de escritos originales destinados al <italic>DUHG</italic> por parte de
				los letrados comprometidos con el proyecto enciclopédico. Una situación a la que
				estaban acostumbrados varios practicantes de la ciencia que daban a conocer sus
				investigaciones en folletos y la prensa. Por último, estuvo la remisión de
				cuestionarios a los letrados de ciudades y villas del país para que aportaran
				información científica, social, histórica, económica y política, como se
				acostumbraba en las secretarías de Estado y las agrupaciones letradas, en especial
				la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (SMGE).<xref ref-type="fn"
					rid="fn18"><sup>18</sup></xref>
			</p>
			<p>Los colaboradores del <italic>DUHG</italic> consideraron que los escritos subsanarían parte de
				los efectos funestos del desconocimiento del suelo patrio, aunque no se podía
				&quot;aspirar a reunir en sus columnas todo lo que una buena estadística [debía]
				comprender. [El lector hallaría] en él todas las noticias que hasta [entonces se
				habían] recopilado y [servirían] de base para los trabajos que sobre él se
					[emprendieran]&quot;.<xref ref-type="fn" rid="fn19"><sup>19</sup></xref> El
				desconocimiento sobre gran parte del territorio que había privado entre los letrados
				de 1821 a 1853 repercutió de forma negativa en varios sentidos sobre la sociedad
				mexicana; en particular, la pérdida del territorio septentrional en la guerra contra
				Estados Unidos (1846-1848), pero también en la endeble administración a escala
				regional, así como la falta de modernas vías de comunicación y transporte. En
				efecto, &quot;si el mapa de México no tenía lugar en el inconsciente colectivo, ni
				tampoco lo había para la idea de la nación&quot;, era imperativo para el Estado
				dotar a los grupos sociales de instrumentos científicos con los cuales se conformara
				lo antes posible una representación general del territorio.<xref ref-type="fn"
					rid="fn20"><sup>20</sup></xref> No fue fortuito que los letrados se propusieran
				llevar a cabo una obra que abarcara la mayor cantidad de datos, noticias y
				descripciones sobre el territorio mexicano ante la pérdida de los territorios
				septentrionales en 1848 y después en diciembre de 1853 con el Tratado de la
					Mesilla.<xref ref-type="fn" rid="fn21"><sup>21</sup></xref>
			</p>
			<p>El <italic>DUHG</italic> se sumó a los distintos proyectos científicos de la década de 1850,
				tanto los organizados en la ciudad de México como en las regiones, encaminados al
				reconocimiento, valoración y explotación de los recursos naturales del territorio,
				llevados a cabo durante el mandato de José Joaquín de Herrera (1848-1851), el último
				periodo de gobierno de Antonio López de Santa Anna (1853-1855) y la presidencia de
				Ignacio Comonfort (1853-1858). Entre ellos destacan las actividades de la Comisión
				de Límites con Estados Unidos (1849-1857), la reactivación de la SMGE en 1850, la
				erección del Ministerio de Fomento en 1853, la creación de la Comisión del Valle de
				México en 1856 y el egreso de los primeros ingenieros geógrafos del Colegio de
				Minería en 1856.<xref ref-type="fn" rid="fn22"><sup>22</sup></xref> En dicha
				actividad científica participaron ingenieros, médicos, farmacéuticos y naturalistas,
				entre decenas de <italic>amateurs</italic>, que acopiaron datos geográficos de gran
				parte del país. Cabe señalar que varios autores del <italic>DUHG</italic> eran
				miembros de la SMGE, lo cual fue símbolo de la gran calidad de los escritos
				recopilados de cara al público.</p>
			<p>No hay que dejar de lado que en este lapso la práctica geográfica también se nutrió de decenas
				de <italic>amateurs</italic> que &quot;organizaron sus propias expediciones
				científicas, comenzando por las que efectuarían estudios geográficos y estadísticos
				y darían cuenta de los recursos humanos y materiales del país&quot;.<xref
					ref-type="fn" rid="fn23"><sup>23</sup></xref> Los <italic>amateurs</italic>
				sostuvieron las revistas de amplio público que incluyeron contenidos geográficos,
				publicaban manuales y libros de viaje, así como formaban parte de la SMGE y
				efectuaban reconocimientos regionales.<xref ref-type="fn" rid="fn24"
					><sup>24</sup></xref> Además, el <italic>DUHG</italic> formó parte de un
				conjunto de lecturas geográficas que circulaban en la época de gran interés para un
				pequeño, pero activo, grupo de lectores que consultaban el <italic>Boletín de la
					Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística</italic> (<italic>BSMGE</italic>),
				diversas monografías regionales, almanaques geográficos de varias partes del mundo,
				informes científicos de mexicanos y extranjeros, libros de texto de instrucción
				secundaria, literatura de viaje y escritos publicados en la prensa.</p>
			<p>En la primera serie del <italic>BSMGE</italic>, que corresponde de 1850 a 1866, se dieron a
				conocer algunos escritos hidrográficos con una estructura similar a los del
					<italic>DUHG</italic>, tanto por el tipo de narración geográfica, la valoración
				de la utilidad de la hidrografía para la prosperidad de México y las características
				de los datos aportados como por la participación de <italic>amateurs</italic> como
				autores y socios de la agrupación.</p>
			<p>Los escritos del <italic>BSMGE</italic> que antecedieron a la publicación del
					<italic>DUHG</italic> son &quot;Noticias del Río Yaqui&quot; (1850, tomo II),
				&quot;Exploración del río Grande&quot; del capitán H. Love, dada a conocer en dos
				partes (1850, tomo II y 1852, tomo III) y de José Francisco de Cuevas Aguirre y
				Espinoza, &quot;Extracto de los autos de diligencias y reconocimientos de los ríos,
				lagunas, vertientes y desagües de la capital de México y su valle, de los caminos
				para su comunicación y su comercio, etc. Decretos del virrey D. Francisco de Güemes
				y Horcasitas&quot; (1850, tomo II). Los dos primeros escritos fueron retomados por
				los editores de la obra enciclopédica por su valor científico.</p>
			<p>No obstante, entre 185 7 y 1866 en el <italic>BSMGE</italic> se incluyeron los siguientes
				escritos hidrográficos: de Sebastián Pane el &quot;Extracto del informe relativo al
				desagüe de México y su valle&quot; (1857, tomo V) y el &quot;Dato estadístico sacado
				del informe que en 6 de mayo del presente año, 1857, dirigió don Sebastián Pane al
				Exmo. Sr. Gobernador del Distrito, con motivo de un oficio remitido al Ministerio de
				Fomento por el presidente de la Junta menor del desagüe&quot; (1857, tomo V);
				&quot;Descripción de la laguna de Chapala&quot; (1857, tomo V); de Leopoldo Río de
				la Loza y E. Craveri el &quot;Opúsculo sobre los pozos artesianos y las aguas
				naturales de más uso en la ciudad de México, con algunas noticias relativas al corte
				geológico del valle y una lista de las plantas que vegetan en las inmediaciones del
				desierto viejo&quot; (1858, tomo VI); &quot;Noticia geológica del pozo abierto por
				los sres. Pane y Molteni, en los meses de octubre y noviembre de 1853 en la calle de
				Sta. Catarina núm. 2 de esta ciudad, con el sistema llamado chino&quot; (1858, tomo
				VI); de José María Tort la &quot;Memoria sobre la naturaleza de las aguas de
				Tehuacán y producciones vegetales de sus inmediaciones&quot; (1858, tomo VI);
				&quot;Tabla analítica de las aguas más usadas en la ciudad de México&quot; (1858,
				tomo VI); de Manuel Aliphat &quot;El Manzanillo. Memoria sobre el puerto de
				Manzanillo que dirigió a las augustas cámaras... para demostrar la importancia de
				dicho puerto y para indicar la practicabilidad de un canal que a poco costo
				comunique aquél con la laguna de Cuyutlán, por cuyo medio se hará más
				saludable&quot; (1859, tomo VII); de Francisco Guadarrama la &quot;Noticia
				estadística que da el Exmo. Sr. Gobernador del Distrito de México, el ciudadano...
				Presidente del Ilustre Ayuntamiento de Tacuba, de los límites de la municipalidad,
				pueblos, población, prefectura y subprefectura a que corresponde, extensión,
				distancia, caminos, ríos, puentes, tierras, haciendas, ranchos, jueces y autoridades
				municipales y curato&quot; (1859, tomo VII); de J. Poumarede el &quot;Desagüe del
				Valle de México. Nuevos sistema para impedir las inundaciones de la ciudad y la del
				Valle de México y hacer desaparecer en parte las causas de insalubridad que ofrecen
				una y otra&quot; (1859, tomo VII); de José Justo <xref ref-type="bibr" rid="B19"
					>Gómez de la Cortina la &quot;Cascada de Huauchinango&quot; (1860</xref>, tomo
				VIII); de Joaquín Velázquez de León e Ignacio Serrano el &quot;Nevado de
				Toluca&quot; (1861, tomo IX); de Manuel Orozco y Berra la &quot;Memoria para la
				Carta Hidrográfica de México&quot; (1861, tomo IX); de Luis Valle el
				&quot;Reconocimiento del río Pánuco&quot; (1861, tomo IX); &quot;Un vistazo al lago
				de Texcoco. Su influencia en la salubridad de México&quot; (1861, tomo IX); de
				Próspero Goyzueta la &quot;Parte geológica de la Memoria para la Carta Hidrográfica
				del Valle de México&quot; (1861, tomo IX); de Leopoldo Río de la Loza los
				&quot;Apuntes relativos a las fuentes brotantes o pozos artesianos&quot; (1861, tomo
				IX); de José María García el &quot;Acueducto de Zempoala&quot; (1863, tomo X); y de
				José de Emparán la &quot;Agencia de Fomento en Veracruz. Poblaciones, accidentes
				hidrográficos y otras noticias del Departamento del mismo nombre&quot; (1866, tomo
					XII).<xref ref-type="fn" rid="fn25"><sup>25</sup></xref> Como se aprecia, el
					<italic>BSMGE</italic> fue un importante inventario hidrográfico que inició
				tímidamente antes de la publicación del primer volumen del <italic>DUHG</italic>,
				pero que después de la impresión del último tomo enciclopédico en 1856 creció en
				cantidad de escritos. Lo que podría significar que la agrupación retomó el espíritu
				del <italic>DUHG</italic>, probablemente porque varios de los letrados eran miembros
				de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.</p>
			<p>Como se aprecia, el <italic>BSMGE</italic> acopió 23 escritos mientras que el
					<italic>DUHG</italic> reunió 131, es decir, un inventario hidrográfico de mayor
				envergadura, de los cuales un pequeño número estuvo presente en ambas publicaciones.
				Esto revela la participación de varios de los letrados de la época en las
				actividades científicas mexicanas, como el caso de Orozco y Berra, Lucas Alamán,
				José Fernando Ramírez, Leopoldo Río de la Loza y muchos otros. Además, en ambos
				compendios geográficos pervivió la idea de <xref ref-type="bibr" rid="B40">Ortiz de
					Ayala, esbozada en 1832</xref>, acerca de la utilidad de los cuerpos de agua
				para fomentar las actividades económicas del país.</p>
			<p>En cuanto a los temas hidrográficos, el <italic>BSMGE</italic> reunió una menor cantidad de
				escritos para cada tema, por ejemplo, sobre los ríos se incluyeron un total de
				cuatro e idéntica cifra respecto de lagos o lagunas, mientras que sólo hubo uno
				sobre cascadas y catorce versaron acerca de otros temas hidrográficos -agua
				subterránea, fuentes, ojos de agua, pozos, entre otros-. Al respecto, se aprecia que
				el <italic>DUHG</italic> y el <italic>BSMGE</italic> compartieron los tópicos
				señalados, aunque variaron en cantidad, mientras que la estructura científica ya
				señalada se mantuvo constante.</p>
			<p>La comunicación entablada entre ambos espacios impresos para la práctica geográfica se basó en
				la estrecha y activa red de letrados mexicanos que se dedicaban a la ciencia en la
				década de 1850 que buscaba dar a conocer a la mayor cantidad de lectores posible los
				&quot;avances científicos&quot; que beneficiarían al país, ya fueran los libros o la
				prensa. Una red que gozó de la participación de varios individuos en las reuniones
				de la <italic>SMGE</italic>.</p>
			<p>En este tenor, la compilación hidrográfica realizada por los letrados mexicanos dio cuenta de
				las diversas formas de apropiación del agua en varias regiones, ya fuera de tipo
				privada, pública o comunitaria, lo que probablemente fue del interés de
				comerciantes, militares, viajeros, sacerdotes, políticos, hacendados, empresarios,
				hombres de ciencia, diplomáticos, entre otros. Es de suponer que los lectores
				pertenecían a los estratos medio y alto del país, pues tenían dinero suficiente para
				adquirir los diez volúmenes del <italic>DUHG</italic>, disponían de tiempo para
				consultarlo y poseían la instrucción necesaria para interpretar la información
				científica. También es posible que el diccionario se encontrara en bibliotecas de
				escuelas de instrucción secundaria y gabinetes de lectura abiertos al público, así
				como conventos y seminarios, dependencias gubernamentales, legaciones diplomáticas
				extranjeras, casas comerciales y establecimientos científicos.</p>
			<p>Ante este panorama, el objetivo de la investigación es comprender los intereses de los autores
				que escribieron contenidos hidrográficos en el <italic>DUHG</italic> mediante el
				análisis del relato de trece escritos que abordan las distintas maneras de
				aprovechamiento de los ríos, cascadas y cuerpos de agua, con énfasis en actividades
				de navegación, agricultura y ganadería, comercio, fuerza motriz para la industria,
				entre otras cuestiones. La relevancia de estudiar este tipo de escritos reside,
				primero, en que hasta ahora los historiadores de la ciencia mexicana han pasado por
				alto la importancia de tal obra colectiva, ya que sólo se le menciona dentro de
				estudios geográficos de carácter general y no como un cuerpo de conocimientos
				científicos. Segundo, los trece escritos del <italic>DUHG</italic> permiten conocer
				la práctica geográfica fuera de la Ciudad de México a la mitad de la centuria,
				cuestión que hasta ahora se conoce poco, pues las investigaciones sobre el tema
				enfatizan las instituciones capitalinas. Tercero, esta investigación pretende
				vincular la perspectiva de la historia de la ciencia mexicana a otros estudios
				históricos sobre el agua en el siglo XIX mexicano, pues hasta ahora las
				interpretaciones sobre la ciencia han carecido de vínculos con los estudios
				ambientales.</p>
			<p>El criterio que orientó la selección de los trece escritos de la muestra se basó en la
				importancia territorial de los ríos, lagunas, lagos, cascadas y saltos, tanto la
				expresada en la época por los autores de la muestra del <italic>DUHG</italic>
				mediante la vasta extensión de los escritos como por los estudios históricos a los
				que han estado sujetos en la actualidad. Las trece entradas hidrográficas son las
				que aportaron mayor riqueza informativa para llevar a cabo el análisis histórico con
				respecto al resto de escritos.</p>
			<p>La historia social de la ciencia hace ver tres tipos de narraciones geográficas: positiva -concentrada en obtener datos matemáticos para conformar representaciones &quot;racionales&quot; de la superficie terrestre-; utilitaria -basada en el reconocimiento de los recursos ambientales susceptibles de generar riqueza para la sociedad y el Estado-; y romántica -asentada en la experiencia sentimental y contemplativa de los practicantes de la geografía, sobre todo en torno de los paisajes-.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>Los grandes ríos de México</title>
			<p>El <italic>DUHG</italic> contiene un amplio registro de los ríos del país, tanto los de gran
				envergadura como los de tipo menor. Todos ellos fueron estudiados científicamente
				por varios autores para proponer algún aprovechamiento económico. En particular, los
				ríos de amplia extensión se sujetaron a un examen pormenorizado como se aprecia en
				varios artículos, ya fuera por parte de comisiones científicas, empresarios
				interesados en la ciencia y amateurs, como se expondrá a continuación.</p>
			<p>Uno de los artículos de mayor extensión que abordó el examen geográfico de un río versó sobre el Coatzacoalcos, en el sureste de la república. El anónimo autor refirió que desde el siglo XVIII se llevaron a cabo algunas investigaciones geográficas para determinar si era navegable y de ser posible comunicar los océanos Atlántico y Pacífico. El escrito inició señalando el asiento de la boca fluvial en las costas veracruzanas del Golfo de México a los 18°8'27&quot; de latitud norte y 4°42'22&quot; de longitud oriental con respecto de la Ciudad de México. No obstante, aún se desconocía su nacimiento en la sierra de Chiapas o de Oaxaca, una cuestión aún por delimitar. Lo cierto era el gran interés desde 1821 por parte del Estado para averiguar si era un &quot;canal natural por donde [pudiera] efectuarse en parte la proyectada comunicación entre los dos océanos&quot;.<xref ref-type="fn" rid="fn26"><sup>26</sup></xref> El énfasis en el terreno comercial envolvió a prácticamente todos los esfuerzos nacionales, regionales e incluso extranjeros por obtener una representación geográfica lo más completa posible del curso del río y la región circundante.<xref ref-type="fn" rid="fn27"><sup>27</sup></xref> Para ello, la geografía era un instrumento científico de Estado de carácter indispensable, pues sólo esta ciencia aportaba la metodología necesaria para ello.</p>
			<p>El autor retomó varios informes gubernamentales y artículos publicados en la prensa, con los
				cuales se propuso brindar una representación hidrográfica de los principales
				afluentes del río Coatzacoalcos, así como los poblados ribereños de cierta
				importancia. Éste realizó un breve análisis de los meses en que la red hidrográfica
				permitía la navegación, por ejemplo, se mencionó que el río Jaltepec nacía en la
				sierra de los Mijes y era navegable para canoas todo el año, hasta un lugar llamado
				Tutla, situado a 50 millas de su embocadura. Este río era casi tan ancho como el
				Coatzacoalcos, por lo que el gobierno nacional estaba interesado en emprender obras
				para introducir barcos de vapor en ambos afluentes.<xref ref-type="fn" rid="fn28"
						><sup>28</sup></xref> Este breve ejemplo da cuenta de la importancia de que
				los lectores del <italic>DUHG</italic> pudieran ubicar a grandes rasgos la región
				descrita y, en este caso, las oportunidades comerciales para transportar mercancías
				por ciertos ríos durante doce meses. También se señalaron los poblados, número de
				habitantes y recursos naturales con los que contaba la red hidrográfica, pues en el
				futuro podrían ser puertos de abastecimientos de las líneas de barcos o trabajadores
				de éstos.</p>
			<p>El escrito se centró en las posibles ventajas del río Coatzacoalcos como vía de comunicación y transporte. Por ello en ciertas ocasiones el autor mencionó otras actividades económicas vinculadas a éste. Por ejemplo, el corte de maderas finas de gran demanda en Europa; la posibilidad de aclimatar especies vegetales como café, tabaco, caña de azúcar y té para surtir al mercado nacional y extranjero; ampliar la pesca para alimentar a los pobladores; y la posibilidad de deslindar terrenos ribereños para el establecimiento de colonos.<xref ref-type="fn" rid="fn29"><sup>29</sup></xref> En la actualidad este escrito podría valorarse como demasiado general en términos de clima, extensión del río, ubicación geográfica, demografía, flora y fauna, entre otras cuestiones. Sin embargo, para mediados del siglo XIX fue uno de los grandes aportes al conocimiento de la zona circundante al río Coatzacoalcos para un público amplio disperso por la república. Es factible suponer que sirvió de base para el amplio desarrollo regional vivido durante el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1911).<xref ref-type="fn" rid="fn30"><sup>30</sup></xref>
			</p>
			<p>M. Z. y Z.,<xref ref-type="fn" rid="fn31"><sup>31</sup></xref> un individuo que de forma recurrente publicó escritos geográficos en la prensa capitalina, escribió un artículo sobre el río Usumacinta. Este fue otro río del sureste mexicano que fue objeto de algunos reconocimientos científicos ilustrados y también durante los primeros años de vida independiente de México, pues fluía del océano Pacífico al Golfo de México. El cauce servía de límite fronterizo con la República de Guatemala, para luego adentrarse por los territorios de Chiapas y Tabasco. Gracias al río, dichas regiones eran fecundadas a su paso hasta perderse en el Golfo por tres ríos: a la derecha el río Palizada que desembocaba en la laguna de la isla del Carmen; en medio el río San Pedro y San Pablo que llegaba a la barra del mismo nombre en Tabasco; y a la izquierda la prolongación del río Usumacinta que bañaba el suelo tabasqueño hasta perderse en el mar.<xref ref-type="fn" rid="fn32"><sup>32</sup></xref> En la narración es patente la opinión del letrado acerca de la valoración de este caudaloso río que se encontraba desaprovechado, pues en lugar de que el Estado o los particulares emplearan el agua para impulsar la economía regional, en especial, el tráfico de embarcaciones entre ambos océanos, éste sólo corría de forma natural sin que hubiera algún beneficio para la sociedad y el erario.</p>
			<p>M. Z. y Z. describió al Usumacinta como un río limpio de curso suave y regular sin obstáculo alguno ni peligro para la navegación de buques de cincuenta toneladas. Los ocho pueblos más representativos eran Jonuta, Monte-Cristo, Balancán, Santa Ana, Multé, Kannzari, Usumacinta y Tenosique que alojaban &quot;de tres a cuatro mil almas, únicos que [disfrutaban] de las riquezas que [presentaba] el río&quot; en agricultura de autoconsumo, comercio en canoas y pesca moderada.<xref ref-type="fn" rid="fn33"><sup>33</sup></xref> La mención al potencial del curso para transportar mercancías resalta la envergadura económica, pues el letrado aspiraba a que se convirtiera en una vía de comunicación entre dos países, dos océanos y parte del sureste mexicano. Una razón de peso para emprender una exploración científica en la región del Usumacinta que atrajera capitales a la región.</p>
			<p>El autor describió a las riberas como &quot;llanuras poco sometidas a las inundaciones
				periódicas del río&quot; en las cuales pacían escasas cabezas de ganado vacuno y
				crecían &quot;plantíos naturales del palo de tinte que [eran] los tesoros
				inagotables de Tabasco&quot;.<xref ref-type="fn" rid="fn34"><sup>34</sup></xref> La
				mención a las riquezas del Usumacinta fueron una invitación a los lectores del
					<italic>DUHG</italic> a apoyar la creación de una comisión científica que
				recorriera el río y pudiera emitir un amplio informe acerca de lo que parecía ser
				una de las regiones mexicanas de mayor feracidad en todos los ámbitos. Es probable
				que M. Z. y Z. concibiera que el aprovechamiento de este río que, unido al Grijalva,
				beneficiaría a los puertos tabasqueños de San Juan Bautista y Frontera, desde los
				cuales se podrían exportar las maderas, pieles y plumas finas demandas en Europa.
				Una cuestión que se materializó en el último tercio de la centuria con la
				intervención de empresarios extranjeros.<xref ref-type="fn" rid="fn35"
					><sup>35</sup></xref>
			</p>
			<p>Los editores del <italic>DUHG</italic> incluyeron un estudio anónimo sobre el río Bravo debido
				a su importancia geopolítica y a las labores de la Comisión de Límites (1849-1857)
				para determinar la línea fronteriza establecida en el Tratado de Guadalupe-Hidalgo
				(1848). El escrito se basó en gran parte en un informe fechado en septiembre de 1850
				a cargo del capitán Love, quien recibió órdenes del gobierno mexicano para ascender
				por el río Bravo mediante con una embarcación, pues hasta entonces se conocía la
				zona comprendida entre la desembocadura en el Golfo de México, que era de amplio
				tráfico comercial y el poblado de Reynosa, Tamaulipas, una de las localidades
				ribereñas de mayor importancia.<xref ref-type="fn" rid="fn36"><sup>36</sup></xref>
			</p>
			<p>El capitán Love navegó, no sin varias dificultades, entre Reynosa y el poblado de Las Cruces, Nuevo México. La descripción del trayecto fue de gran interés para el lector al abarcar una gran extensión del río Bravo que hasta entonces era desconocida en términos geográficos para el Estado mexicano. Dicho trayecto era aprovechado por los estadounidenses en cuanto a la irrigación de amplios campos de cultivo y ganadería, y la navegación comercial.<xref ref-type="fn" rid="fn37"><sup>37</sup></xref> No obstante, se aprecia que el gobierno mexicano carecía de instrumentos científicos para aprovechar el agua común entre ambas naciones. Por esta razón, Love fue comisionado para recorrer el curso del río al considerarse un experto en cuestiones hidrográficas.</p>
			<p>El reconocimiento del río incluyó numerosas poblaciones que se hallaban en ambas orillas, así
				como arroyos, afluentes tributarios y otros recursos, como minas de carbón, flora y
				fauna, y una relación de las distancias entre los principales poblados
					ribereños.<xref ref-type="fn" rid="fn38"><sup>38</sup></xref> De esta manera, no
				sólo los grupos en el gobierno se beneficiaron del informe del capitán Love, sino
				que los lectores del <italic>DUHG</italic> lograron conocer por primera vez gran
				parte de la frontera nacional. Es posible que tal escrito sirviera para despertar el
				interés en algunos empresarios para invertir en barcos de vapor que remontaran el
				río fronterizo, como sucedía con las corrientes del Mississippi y Missouri. Las
				élites regionales del noreste mexicano consideraban que el río Bravo ayudaría al
				comercio internacional al abaratar costos, aumentar el tráfico por las aduanas para
				enriquecer al erario y dar salida a los productos agrícolas hacia Estados
					Unidos.<xref ref-type="fn" rid="fn39"><sup>39</sup></xref> En este sentido, el
				río Bravo no sólo sería un límite político, sino un recurso que promovería el
				desarrollo económico de la región.</p>
			<p>Por último, el río Mezcala-Atoyac también mereció varias páginas de estudio hidrográfico en el
					<italic>DUHG</italic> de las cuales se desconoce el autor. El escrito expresó
				que este río corría desde la sierra de Tlaxcala hasta Zacatula, Guerrero, en el
				océano Pacífico, por lo cual se le consideraba de gran importancia para el
				desarrollo de actividades económicas de la zona central del país. En el Departamento
				de Puebla dicho río servía &quot;para dar movimiento a muchas fábricas de hilados y
				tejidos, y varios molinos situados en sus orillas. Se [había] tratado de hacerlo
				navegable, aprovechando su corriente&quot;, en especial, por el empresario textil
				Juan Múgica y Osorio (1810-1875).<xref ref-type="fn" rid="fn40"><sup>40</sup></xref>
				Éste solicitó al Congreso de Puebla en octubre de 1849 la erección de una comisión
				geográfica que examinara dicho río, pues &quot;entre los bienes positivos que
				[podían] proporcionarse a los pueblos, el más fecundo en resultados felices [era]
				multiplicar y facilitar los medios de comunicación, porque todos los ramos de
				riqueza [recibían] con esto un verdadero fomento&quot; mediante caminos por tierra y
				&quot;en una escala más vasta por la navegación interior por medio de los
					ríos&quot;.<xref ref-type="fn" rid="fn41"><sup>41</sup></xref> Múgica y Osorio
				estaba consciente de que sería costoso para el erario abrir nuevos caminos o
				construir líneas ferroviarias, mientras que la red hidrográfica ya existía, tan sólo
				se le debía estudiar científicamente y adecuarla para el tráfico de barcos durante
				todo el año.</p>
			<p>El Departamento de Puebla era uno de los que poseía mayor cantidad de industrias de todo tipo
				y se encontraba cerca de la ciudad de México y el puerto de Veracruz al que llegaban
				numerosos barcos de Europa y América. No obstante, el departamento carecía de
				fuertes lazos comerciales con el occidente mexicano y aún menos con el tráfico de
				mercancías en los puertos del Pacífico. Para la élite poblana, tal problema se
				solucionaba con la habilitación del río Mezcala-Atoyac. El reconocimiento de dicho
				cauce de gran envergadura requería de la intervención de hombres de ciencia y
					<italic>amateurs</italic> capacitados para emitir un juicio científico al
				respecto que gozara del apoyo del Estado y la oligarquía.</p>
			<p>Además de la navegación, el río Mezcala-Atoyac fue valorado como fuente de energía barata y abundante a lo largo del año para ampliar el número de fábricas poblanas, ya que &quot;con sobrado caudal de aguas, [iba] a perderse, sin dar otra utilidad, en el mar del Sur [...] Era seguro que el Atoyac [contenía] sobrado caudal de aguas para adaptarlo fácilmente a la navegación&quot; y la industria local.<xref ref-type="fn" rid="fn42"><sup>42</sup></xref> En estas palabras se aprecia la concepción utilitaria que acentuaba el &quot;desperdicio&quot; de agua al no emplearse en actividades económicas, pues la sociedad mexicana carecía de los instrumentos científicos y tecnológicos para aprovechar el agua en ésta, como sucedía con ríos europeos, por ejemplo el Danubio, el Rin, el Guadalquivir o el Támesis.</p>
			<p>El gobierno poblano nombró una comisión compuesta por Vicente Díaz Terán, Gerónimo
					Verdín,<xref ref-type="fn" rid="fn43"><sup>43</sup></xref> Juan Bautista Ardit y
				Felícito Ardit, quienes presentaron la <italic>Nota de la Comisión Exploradora del
					Atoyac sobre el resultado del reconocimiento</italic> (1851) que dieron a
				conocer los trabajos geográficos emprendidos entre noviembre de 1850 y enero de
				1851. Este documento consistió en un informe detallado del recorrido a través del
				río, las determinaciones hidrográficas llevadas a cabo y algunos proyectos para
				hacer &quot;navegable el Atoyac hasta el Pacífico&quot;, gracias al plano del río
				que Juan Ardit presentó acompañado de la descripción de las riberas.<xref
					ref-type="fn" rid="fn44"><sup>44</sup></xref> Otros documentos de la comisión
				fueron el <italic>Resultado general que ha dado el reconocimiento práctico del río
					Atoyac o poblano, tomado de las operaciones diarias de la comisión</italic>
				(1851), <italic>la Tabla que expresa los ríos que entran por ambos márgenes al
					Atoyac, sus nombres, rumbos de su procedencia y cantidad de agua con que cada
					uno desemboca</italic> (1851) y el <italic>Diario del viaje con pormenores sobre
					la situación del río y sus riberas, medida de sus aguas, nombre de los ríos y
					arroyos tributarios y otras noticias relativas a los pueblos situados en ambas
					orillas</italic> (1851). La documentación deja ver la meticulosidad de los
				trabajos emprendidos por los expedicionarios, algunos de ellos
					<italic>amateurs</italic> locales, que estaban interesados en echar a andar un
				proyecto de navegación fluvial de gran alcance. Al mismo tiempo, es evidente que la
				élite poblana disfrutaba de una amplia cultura científica, pues con los recursos
				locales apoyaron a la comisión del río Atoyac sin necesidad de recurrir a los
				geógrafos capitalinos de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, el
				Ministerio de Fomento y el Colegio de Minería.</p>
			<p>Como se aprecia, las noticias de los habitantes cercanos a los ríos en varias ocasiones
				jugaron un papel importante en los estudios publicados en el <italic>DUHG</italic>,
				pues se les consideraba como testimonios de primera mano que, tras la sanción del
				autor, adquirían un estatus científico. Es posible que algunos de los vecinos fueran
					<italic>amateurs</italic> (abogados, empresarios, sacerdotes y hacendados) que
				poseían cierta cultura científica que les permitía expresar opiniones verosímiles
				sobre temas hidrográficos. El lector encontraría en el <italic>DUHG</italic> un
				cúmulo de datos positivos que hasta entonces se encontraban dispersos e incluso
				inéditos, a la par que se facilitaría a las generaciones venideras la comprensión
				del conocimiento científico del país.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>Las cascadas y saltos de México</title>
			<p>Las cascadas y saltos en el <italic>DUHG</italic> fueron tratados como extensiones de los ríos
				de gran caudal y se valoraron de dos maneras: la primera se enmarcó en los estudios
				paisajísticos, propios de la Geografía Física de corte romántico, en los cuales se
				resaltaba la belleza del conjunto de elementos del medio ambiente y que hacían del
				territorio mexicano un espacio único del planeta;<xref ref-type="fn" rid="fn45"
						><sup>45</sup></xref> y la segunda vía consideró ambos como un obstáculo
				para el aprovechamiento de los ríos, pues impedían la navegación continua, desde la
				mirada utilitaria.</p>
			<p>Un ejemplo del estudio hidrográfico del primer tipo fue la cascada de Huauchinango en Puebla a
				cargo de José Justo Gómez de la Cortina (1799-1860),<xref ref-type="fn" rid="fn46"
						><sup>46</sup></xref> uno de los <italic>amateurs</italic> más reconocidos
				de la época. Dicha cascada se visitaba como un lugar &quot;grandioso y magnífico con
				que la naturaleza [había] querido enriquecer a la República Mexicana&quot;, aunque
				algunos ciudadanos aún no habían escuchado de tal belleza paisajística, pues se
				carecía de un amplio estudio científico de la zona.<xref ref-type="fn" rid="fn47"
						><sup>47</sup></xref> Es probable que el autor estuviera interesado en que
				los contenidos paisajísticos ayudaran a crear una representación de la
				heterogeneidad del país, a la par que exaltar las bellezas del medio ambiente para
				estimular un sentimiento patriótico entre el público del <italic>DUHG</italic>.</p>
			<p>El autor consideró que dicha cascada posiblemente era una de las más altas del país y
				presentaba un bello cuadro de la región aledaña a los pueblos de Huauchinango y
				Necaxa. El río que la constituía se llamaba Totolapa, el cual se nutría de varios
				afluentes antes de formar la primera caída de 150 varas llamada &quot;La
				Ventana&quot;. Dos millas y media más abajo el río volvía a caer en la magnífica
				cascada llamada &quot;Ixtlamaca&quot;, &quot;cuyas abundantes aguas se [dividían] en
				tres raudales, formando otras tantas caídas, en un espacio de 26 varas&quot;. El
				imponente sonido de la cascada se asemejaba a &quot;un trueno atmosférico prolongado
				y la niebla perpetua que [formaba era] tan espesa y blanquecina que [impedía]
				distinguir los objetos con la vista a diez o doce varas de distancia&quot;.<xref
					ref-type="fn" rid="fn48"><sup>48</sup></xref> La descripción paisajística
				resaltó los atractivos visuales y auditivos de la cascada en lugar de expresar un
				examen positivo como sucedió con los ríos de gran extensión. Hay que recordar que
				los objetivos del <italic>DUHG</italic> eran informar y entretener a los lectores,
				pues ambas vertientes de la geografía se consideraban a mediados del siglo XIX como
				parte de la cultura científica de los estratos medio y alto.</p>
			<p>La cascada de Huauchinango era considerada benéfica por los pobladores para el desarrollo de
				la agricultura de la zona, pues ofrecía a rancheros, hacendados y campesinos los
				nutrientes necesarios para el crecimiento de frondosos bosques de ocote, pino y
				encino, especies &quot;propias de las tierras frías y de las templadas&quot;;
				mientras que al pie de la cascada crecían con &quot;lozanía hermosos platanares de
				diferentes especies&quot;, como <italic>Musa paradisiaca</italic> y <italic>Musa
					sapientum</italic>, la caña dulce, el árbol de la cera (<italic>Myrica
					cerifera</italic>), la granadita de china (<italic>Passiflora taxonia</italic>)
				y &quot;otros frutos de las tierras calientes&quot; de gran demanda en las ciudades
				de Puebla, Xalapa y México.<xref ref-type="fn" rid="fn49"><sup>49</sup></xref> En
				esta ocasión, el agua era un recurso para fomentar la agricultura local, aunque
				Gómez de la Cortina, como otros <italic>amateurs</italic>, estaba convencido de que
				si se llevaban a cabo obras de irrigación se podrían aumentaran las cosechas
					anuales.<xref ref-type="fn" rid="fn50"><sup>50</sup></xref>
			</p>
			<p>Otra cascada que fue sujeta a estudio geográfico anónimo fue la llamada de Rincón Grande originada por el río Blanco, &quot;llamado así por el color turbio y blanquecino de sus aguas&quot; que corrían junto a la ciudad de Orizaba, Veracruz. Esta ciudad, a semejanza de Puebla, acogía un reducido número de industrias y talleres artesanales que vendían sus productos en varias partes del país. En tiempo de lluvias,</p>
			<disp-quote>
				<p>harto copiosas en aquel país, [la cascada crecía] y se [desenvolvía] con un poder increíble. Sus riberas, combatidas por las ondas, se [estremecían] y el espectador que colocado en ellas [miraba] esta escena, [sentía] bajo sus plantas un movimiento continuo de trepidación. Así [caminaba] este río, recogiendo en su curso las aguas de sus tributarios. Se [despeñaba] por derrumbaderos espantosos y al fin [descargaba] en el mar su corriente, por la nombrada barra de Alvarado.<xref ref-type="fn" rid="fn51"><sup>51</sup></xref>
				</p>
			</disp-quote>
			<p>La descripción del paisaje por medio de un espectador fue recurrente en los estudios de geografía romántica que mezclaban los elementos del medio ambiente con los sentimientos que despertaban en el ser humano, a la par que se insinuaba que la corriente llegaba al mar sin aprovechamiento alguno. Esto último se hizo realidad varias décadas después cuando en Orizaba se fundaron compañías cerveceras, cigarreras y de textiles que enriquecieron a la élite veracruzana mediante la energía hidráulica.<xref ref-type="fn" rid="fn52"><sup>52</sup></xref> Un anhelo de la élite orizabeña que en la década de 1850 no logró concretarse, pero que otras generaciones retomaron el proyecto científico.</p>
			<p>Manuel Payno (1810-1894),<xref ref-type="fn" rid="fn53"><sup>53</sup></xref> otro conocido
					<italic>amateur</italic> que publicaba continuamente escritos geográficos en la
				prensa mexicana, contribuyó al <italic>DUHG</italic> con el estudio de la cascada de
				La Orduña cerca de la ciudad de Xalapa, Veracruz, que era parte de los terrenos de
				la hacienda del mismo nombre. El lugar atraía a los viajeros nacionales y
				extranjeros que gustaban de contemplar las maravillas paisajísticas. Éstos, después
				de recorrer un camino llano poblado de hermosa vegetación, hallaban un &quot;un
				ruido lejano y sordo, parecido al del mar cuando [estaba] en calma&quot; mientras
				fecundaba con cristalinas aguas la zona adyacente y alimentaba al río Pixquiac que
				era aprovechado por el hacendado y otros rancheros para varios cultivos. La cascada
				fue descrita como un pintoresco precipicio, &quot;pero no oscuro y árido, sino lleno
				de árboles, de bejucos, de plátanos y de flores silvestres. Un precipicio donde [se
				veía] en el fondo una cinta de plata que [bañaba] con sus espumas las raíces de los
					árboles&quot;.<xref ref-type="fn" rid="fn54"><sup>54</sup></xref> La mención de
				Payno a la feraz vegetación que rodeaba a la cascada dio cuenta de una región fértil
				que era susceptible de acoger especies comerciales, tan sólo faltaba el ingenio
				humano para echar a andar empresas agrícolas como sucedía en Estados Unidos cerca de
				los ríos de mayor corriente.</p>
			<p>El letrado, como los autores anónimos, insistió en el uso del agua en términos económicos para la zona y la necesidad de emprender estudios hidrográficos que brindaran luces sobre la cascada y los ríos cercanos para mejorar la explotación agrícola de Veracruz. En estos casos la agricultura y la ganadería fueron las actividades de mayor importancia.</p>
			<p>La célebre cascada de Regla, en el actual Estado de Hidalgo, fue conocida en el mundo entero
				después de la visita de Alejandro von Humboldt (1769-1859) en 1803. El viajero dejó
				constancia de tal belleza geográfica en el <italic>Ensayo político sobre el Reino de
					Nueva España</italic> (1822). El artículo al respecto incluido en el
					<italic>DUHG</italic> fue anónimo, posiblemente porque era uno de los hitos
				geográficos mexicanos más conocidos. La cascada era parte de la hacienda de Regla,
				propiedad del general Pedro Romero de Terreros (1788-1846),<xref ref-type="fn"
					rid="fn55"><sup>55</sup></xref> otro conocido amateur vinculado con los
				establecimientos científicos capitalinos. Ésta se distinguía por ser un &quot;punto
				muy curioso y pintoresco&quot;, aunque el escrito enfatizó que a media legua de la
				cascada se hallaba la hacienda de beneficio de metales de San Miguel, propiedad del
				mismo general, que utilizaba el agua como fuente de energía para las máquinas
				mineras y otras de tipo agrícola en la cercana hacienda de San Antonio, para luego
				unirse con el río Regla que se empleaba en otras rancherías aledañas.<xref
					ref-type="fn" rid="fn56"><sup>56</sup></xref> La mención a la utilidad del agua
				de la cascada para las máquinas revelan los primeros pasos de la fuerza hidráulica
				en el centro del país a través de la inversión de las élites regionales. También es
				patente que el autor señaló, por un lado, la belleza paisajística y, por otro, el
				moderno aprovechamiento científico-técnico de la cascada.</p>
			<p>Por último, el <italic>amateur</italic> Pablo J. Villaseñor (1828-1855)<xref ref-type="fn"
					rid="fn57"><sup>57</sup></xref> describió el conocido Salto de Juanacatlán,
				Jalisco, originado por el caudaloso río de Santiago o Lerma, que distaba seis leguas
				de Guadalajara. Dicho salto se precipitaba &quot;a una altura de más de 20 varas, a
				una profundidad de más de doce, siendo su ancho de más de 25 [...] Su ruido se
				[escuchaba] a una legua de distancia y la nube que [formaban] los vapores de la
				misma se [distinguía] a ocho leguas&quot;. El agua fertilizaba las haciendas de
				Atiquiza y Zapotlanejo, además de numerosas rancherías de todos los tamaños que
				constituían la bonanza de la región.<xref ref-type="fn" rid="fn58"
					><sup>58</sup></xref> Villaseñor consideró que la fuerza de la caída y la
				cantidad de agua podrían aprovecharse más allá del espectáculo de los amantes de la
				ciencia y de la tradicional explotación agropecuaria, aunque no propuso un proyecto
				concreto. Esto se hizo realidad en 1893 cuando en el Salto de Juanacatlán se puso en
				funcionamiento una planta hidroeléctrica que surtió de energía a la fábrica textil
				de Río Grande desde 1898, una vez que entró en funciones.<xref ref-type="fn"
					rid="fn59"><sup>59</sup></xref>
			</p>
			<p>El estudio geográfico de las cascadas y saltos mexicanos dio cuenta de las bellezas
				paisajísticas que se esperaba contribuyeran a la formación del amor patrio por el
				territorio, a la vez que se perfeccionara la representación espacial entre los
				lectores del <italic>DUHG</italic>. A la par, los editores creían que al resaltar el
				dinamismo de las caídas de agua, así como el volumen y la feracidad que
				proporcionaban al entorno, despertaría el interés del público por echar a andar
				proyectos científico-técnicos, en especial por parte de empresarios, que aportaran
				pingües ganancias en la agricultura, la ganadería y la industria. No obstante, fue
				hasta el último tercio del siglo XIX que las cascadas y saltos fueron vistos como un
				recurso valioso que era susceptible de producir energía eléctrica.<xref
					ref-type="fn" rid="fn60"><sup>60</sup></xref>
			</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>Los lagos y lagunas de México</title>
			<p>El tercer tópico hidrográfico incluido en el <italic>DUHG</italic> fue el de los cuerpos de
				agua de gran tamaño de los que se sabía poco en términos científicos al inicio de la
				vida independiente del país. Durante la primera mitad del siglo XIX, los estudios
				científicos sobre éstos corrieron a cargo de las élites regionales que se
				propusieron aprovechar el agua para la agricultura y el comercio. De entre los
				contenidos hidrográficos de este tipo, el lago de Chapala resaltó al merecer un
				amplio estudio de tres autores. En primer lugar se publicó la descripción de Manuel
				Orozco y Berra, quien enfatizó que era &quot;el mayor depósito de aguas interiores
				que [existía] en la República, y [había] sido llamado por algunos geógrafos Mar
				Chapálico&quot;, además de ser orgullo de los habitantes del Departamento de
				Jalisco. Este geógrafo proporcionó varios datos propios de la práctica positiva,
				como la ubicación exacta del lago mediante altitud, latitud y longitud, la
				superficie expresada en leguas cuadradas y el promedio de la profundidad en la época
				de lluvias en los meses de julio y agosto, y de mayor sequía de abril a mayo.<xref
					ref-type="fn" rid="fn61"><sup>61</sup></xref> Este tipo de datos no eran
				frecuentes en la época, ya que sólo las grandes ciudades, los puertos de importancia
				y los hitos geográficos habían sido ubicados con tal precisión. Esto dio cuenta de
				la importancia de Chapala para el desarrollo de la geografía física mexicana y la
				configuración de una representación exacta de la república.</p>
			<p>Orozco y Berra señaló que el lago jalisciense se nutría de la corriente del río Lerma-Santiago
				antes de desembocar en el océano Pacífico. Lo anterior suponía que el agua bajaba de
				las montañas del centro del país hasta la laguna y de ahí se deslizaba rumbo al mar
				sin ser aprovechado tal potencial hídrico. Por ello, el autor recomendó explorar el
				curso del río para distribuir el agua por las comunidades que recorría, incluyendo
				la fértil ribera lacustre.<xref ref-type="fn" rid="fn62"><sup>62</sup></xref> Estas
				palabras rebasaron la mera descripción paisajística de la zona como sucedió con
				otros contenidos geográficos del <italic>DUHG</italic>, posiblemente porque Orozco y
				Berra era un geógrafo instruido en las prácticas científicas más modernas que lo
				distanciaban de los <italic>amateurs</italic>.</p>
			<p>En segundo lugar se incluyó el texto del viajero belga Henri de Galeotti (1835-1840),<xref
					ref-type="fn" rid="fn63"><sup>63</sup></xref> quien en 1839 publicó &quot;Una
				mirada sobre la Laguna de Chapala, con notas geognósticas&quot; en el
					<italic>Bulletin de l'Académie Royal des Sciences de Belgique</italic>.<xref
					ref-type="fn" rid="fn64"><sup>64</sup></xref> Dicho texto fue extractado por los
				editores del <italic>DUHG</italic>, quienes conservaron la mención de &quot;un
				itinerario, no menos curioso que útil&quot; por los pueblos ribereños destinado a
				instruir a <italic>amateurs</italic> -comerciantes, funcionarios, militares,
				hacendados y sacerdotes- y profesionales.<xref ref-type="fn" rid="fn65"
						><sup>65</sup></xref> El derrotero incluyó los pueblos, haciendas, ranchos y
				embarcaderos que rodeaban el lago, la mención a las distancias en leguas que
				separaban a unos de otros y la sugerencia de mejorar los caminos para beneficio del
				comercio. También se hizo mención a la belleza del paisaje y a los elementos
				románticos de la localidad.</p>
			<p>De Galeotti sondeó el fondo del lago de Chapala en varias partes en los meses de julio y agosto. Con los datos obtenidos, el viajero elaboró un registro de las profundidades cerca de Jocotepec, las islas de Chapala y Mezcala, la embocadura del río Lerma-Santiago, las riberas meridional y septentrional, la parte media del lago y la Punta de San Miguel. El geógrafo también registró que en los meses más secos en las riberas se formaba una ciénega que permitía la navegación de algunas canoas.<xref ref-type="fn" rid="fn66"><sup>66</sup></xref> La mención a los rangos de profundidad del lago estuvo encaminada a calcular el promedio del monto de agua anual, posiblemente para que tal estudio sirviera a los hacendados y comerciantes interesados en introducir la irrigación de los campos de cultivo y pastos de ganado.<xref ref-type="fn" rid="fn67"><sup>67</sup></xref>
			</p>
			<p>El viajero belga expuso que la región estaba poblada por hombres y mujeres dedicados a las actividades agrícolas y ganaderas, pero también había numerosos pescadores que aprovechaban las especies de peces, anfibios y crustáceos que vendían como alimento en Guadalajara y los poblados cercanos.<xref ref-type="fn" rid="fn68"><sup>68</sup></xref> Junto con la agricultura y la ganadería, la pesca era la actividad económica que sustentaba a varias familias, razón por la cual era fundamental llevar a cabo una caracterización de la fauna lacustre y la viabilidad de aumentar su explotación comercial como se llevaba a cabo en Francia, España e Inglaterra.</p>
			<p>En tercer lugar, Pablo J. Villaseñor expresó que Chapala era un &quot;delicioso lago, rodeado de pueblos y haciendas de fertilidad prodigiosa&quot; que se elevaba a 5 000 pies sobre el nivel del mar, a diferencia de otros cuerpos de agua del mundo que estaban a menor altitud. El agua se valoraba en la región, pues era potable y dotaba del vital líquido al ganado y los cultivos a lo largo del año sin que hubiera sequía en la región. Esto hacía que el agua se empleara para consumo humano y regara &quot;una multitud de huertas de la orilla, donde se [producían] muy bien las mejores frutas y legumbres; sirviendo, además, de aguaje inmenso a los muchos ganados de las haciendas del rededor&quot;.<xref ref-type="fn" rid="fn69"><sup>69</sup></xref> Con el estudio presentado por los tres autores, por primera vez los mexicanos interesados en la ciencia tuvieron a su disposición una representación hidrográfica del potencial económico que se encontraba &quot;dormido&quot; en el lago de Chapala y el río Lerma, para lo cual hacía falta emprender amplios estudios científicos de todo tipo.</p>
			<p>Otro amplio estudio lacustre fue el presentado por Juan Soto Ramos (1798-1859),<xref ref-type="fn" rid="fn70"><sup>70</sup></xref> exgobernador del Departamento de Veracruz, quien describió la laguna de Catemaco ubicada en la costa veracruzana en la serranía de San Martín, distante tres leguas de la villa de San Andrés Tuxtla. Como en el caso anterior, el autor proporcionó al lector las características elementales de la laguna, como altitud, latitud y longitud, circunferencia, así como profundidad en distintos puntos y la mención de los principales poblados de la ribera. El énfasis estuvo en la mención de que el agua era potable, &quot;por lo que [servía] para el uso común del vecindario de Catemaco, pueblo bellísimo de 1 000 habitantes, situado en la margen derecha y al cual [concurrían] en el verano como a lugar de recreo&quot; habitantes de la región.<xref ref-type="fn" rid="fn71"><sup>71</sup></xref> La alusión al agua bebible era de importancia para el público si se considera que era el recurso ambiental de mayor peso en el momento de fundar pueblos y, en el caso veracruzano, atraer colonos europeos que se dedicaron a la actividades agropecuarias.</p>
			<p>Soto Ramos acentuó la pesca en Catemaco por la abundancia de mojarra, topote, moquille,
				sardina, juile y el pulpo de agua dulce, conocido como mogüile. Además, un promedio
				de 150 cayucos al día surcaban la laguna, &quot;embarcaciones pequeñas dedicadas a
				la pesca y al tráfico que [hacían] los habitantes de la población y de las
				rancherías situadas en sus márgenes&quot;.<xref ref-type="fn" rid="fn72"
						><sup>72</sup></xref> Aunque Soto Ramos no explicitó la gama de cultivos
				locales, algunos historiadores han investigado que se sembraba zarzaparrilla, palma
				real y el ixtle, maíz, frijol, cacao, camote, calabaza, piña y plátano, y la
				aclimatación de varias plantas comerciales, como café, el arroz, garbanzo, algodón,
				caña dulce, papa, sandía y tabaco y la zona no era menos rica para la
					silvicultura.<xref ref-type="fn" rid="fn73"><sup>73</sup></xref> En este
				sentido, los lectores del <italic>DUHG</italic> se adentraron en el uso del agua
				lacustre que ayudó a conformar una representación hidrográfica de la república
				mexicana, en al menos algunas regiones.</p>
			<p>Si bien, los contenidos sobre lagos y lagunas fueron menores en cantidad, si se les compara
				con los ríos, no fueron menos importantes en la elaboración del inventario de los
				recursos hídricos nacionales que eran explotados de forma local y popular, pero que
				aún hacía falta la intervención de la ciencia para obtener mayores beneficios para
				el estado y los grupos sociales. También se aprecia la práctica geográfica de los
					<italic>amateurs</italic> y hombres de ciencia, quienes midieron, exploraron y
				analizaron los cuerpos de agua para luego plasmar por escrito sus impresiones
				científicas.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="conclusions">
			<title>Consideraciones finales</title>
			<p>La historia social de la ciencia mexicana que se centra en el estudio de los ríos permite conocer las interacciones directas e indirectas entre individuos, sociedades y estados con espacios hidrográficos de gran importancia para el siglo XIX desde ámbitos regionales, económicos, culturales, entre otros. &quot;Los estudios sobre la historia de los usos del agua en México han mostrado su potencial para confrontar lugares comunes de la historiografía, innovar métodos, establecer intercambios con otras disciplinas y abrir nuevos caminos a la investigación&quot;.<xref ref-type="fn" rid="fn74"><sup>74</sup></xref> Cuando este tópico se une a la historia de la ciencia se pueden percibir nuevos campos más allá de las investigaciones tradicionales sobre la profesionalización y la institucionalización de las disciplinas geográficas.</p>
			<p>El carácter útil de la hidrografía se aprecia en los trece contenidos del
					<italic>DUHG</italic> ya expuestos, pues los letrados examinaron los recursos
				hídricos, la explotación popular y tradicional que requería la sanción de los
				parámetros de la ciencia moderna.<xref ref-type="fn" rid="fn75"><sup>75</sup></xref>
				La publicación del <italic>DUHG</italic> conformó un interesante inventario
				hidrográfico efectuado por los profesionales y <italic>amateurs</italic> mexicanos
				que dio cuenta de las diversas formas de apropiación del agua en varias regiones, ya
				fuera privada, pública o comunitaria.</p>
			<p>La historia social de la ciencia arroja luz sobre las distintas concepciones utilitarias acerca de los recursos hídricos de México en un lapso en que se llevaron a cabo numerosas exploraciones científicas por parte de los letrados regionales. Éstos buscaban &quot;descubrir&quot; las riquezas ambientales que harían posible el &quot;progreso&quot; del terruño y la nación. No hay que dejar de lado que las prácticas positiva y romántica estuvieron presentes en los artículos hidrográficos y se mantuvieron vinculadas con la visión utilitaria, pues antes de explotar el agua era necesario reconocer las regiones donde se ubicaba, a la vez que crear un sentimiento nacionalista que la hiciera visible como característica de la joven nación, tras enfrentar la reducción territorial entre 1848 y 1853.</p>
			<p>El estudio de la Hidrografía mexicana revela la nutrida participación regional de
					<italic>amateurs</italic> y profesionales que se convirtió en el esqueleto del
					<italic>DUHG</italic>, pues el grupo capitalino de letrados no contaba con los
				datos suficientes en la Ciudad de México para prescindir de ellos. Ello es ejemplo
				de la relevancia de esta obra enciclopédica en el avance del conocimiento moderno,
				certero y exacto de la república mexicana de interés para numerosos lectores
				repartidos en todo el país. La mayoría de éstos sólo conocían la entidad política
				que habitaba o algunas regiones cercanas, con lo cual las obras geográficas dotaban
				al público de una representación general del país, aunque en la década de 1850 ésta
				era de tipo fragmentario. Además, el público al que hacían referencia los editores
				se componía de una gama de individuos, ya que no se trataba de una obra
				eminentemente académica.</p>
			<p>Los escritos del <italic>DUHG</italic> constituyeron el primer inventario hidrográfico puesto
				a disposición de la sociedad mexicana gracias a una colectividad letrada dispersa en
				el país, compuesta de <italic>amateurs</italic> y profesionales de las ciencias. No
				obstante, el <italic>BSMGE</italic> acopió algunos escritos sobre ríos entre 1850 y
				1866, pero la cantidad de aportaciones científicas sobre el tema no se compara con
				la envergadura de la obra enciclopédica, aunque fueron de gran importancia en la
				época y, en la actualidad, para la historia de la ciencia mexicana.</p>
			<p>La gama de autores que confeccionó los contenidos hidrográficos del <italic>DUHG</italic>
				formó la primera representación territorial -positiva, utilitaria y romántica- de
				este rubro en el México independiente y permitió conocer al Estado, los gobiernos
				regionales y los empresarios, las capacidades hídricas para explotarlas en términos
				económicos. Cabe señalar que sólo ciertas áreas del territorio fueron objeto de
				profundas investigaciones geográficas, mientras que de otras sólo se conocían
				generalidades. No obstante, la representación positiva y romántica del territorio
				mexicano estaba en construcción, proceso que concluiría hasta el último tercio del
				siglo XIX.</p>
			<p>Los ríos, lagos y cascadas fueron empleados por los habitantes cercanos para la ganadería, agricultura, minería, silvicultura, dotación de agua para la población, energía para manufacturas e industrias, medio de transporte y límites entre entidades políticas mexicanas y con el extranjero, así como recurso para impulsar la colonización. De esta manera, el análisis del DUHG permite comprender la participación de los geógrafos en el aprovechamiento del medio ambiente mediante el vínculo entre la historia de la ciencia y la historia ambiental. También se advierte que en ocasiones los grandes ríos, lagos y cascadas de Europa y Estados Unidos sirvieron como referentes extranjeros en términos del aprovechamiento de los recursos hídricos para el futuro &quot;progreso&quot; material de México.</p>
			<p>El <italic>DUHG</italic> dio pie a una caracterización de los recursos hídricos de carácter
				nacional sin que ésta alcanzara la totalidad del tema. Sin embargo, la
				representación científica trascendió la década de 1850, pues se convirtió en la
				única opción de su tipo hasta finales de la centuria, mientras el
					<italic>BSMGE</italic> abonaba al tema anualmente con algunos artículos. En
				efecto, durante el último tercio del siglo XIX continuaron con vigor los estudios
				hidrográficos mexicanos, tanto los de carácter nacional como los regionales, pues el
				interés de las élites y los gobernantes se mantuvo desde 1853 en adelante en otras
				instancias científicas de varias ciudades del país. En este sentido, el agua
				continuó siendo estudiada por las ciencias mexicanas para obtener el máximo
				rendimiento de los recursos hídricos de la nación.</p>
		</sec>
	</body>
	<back>
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				<mixed-citation>Patricia Gómez Rey, &quot;Los espacios del territorio nacional en la
					segunda mitad del siglo XIX&quot;, en <italic>Naturaleza y territorio en la
						ciencia mexicana del siglo XIX</italic>, editado por Luz Fernanda Azuela y
					Rodrigo Vega y Ortega (México: UNAM , 2012), 197-214.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Gómez Rey</surname>
							<given-names>Patricia</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<chapter-title>Los espacios del territorio nacional en la segunda mitad del
						siglo XIX</chapter-title>
					<source>Naturaleza y territorio en la ciencia mexicana del siglo XIX</source>
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							<surname>Azuela</surname>
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					<publisher-name>UNAM</publisher-name>
					<year>2012</year>
					<fpage>197</fpage>
					<lpage>214</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B36">
				<mixed-citation>Peter Burke, <italic>Venecia y Ámsterdam. Estudio sobre las élites
						del siglo XVII</italic> (Barcelona: Gedisa, 1996).</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Burke</surname>
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					<source>Venecia y Ámsterdam. Estudio sobre las élites del siglo XVII</source>
					<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
					<publisher-name>Gedisa</publisher-name>
					<year>1996</year>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B37">
				<mixed-citation>Rodrigo Vega y Ortega y Ana Lilia Sabás, &quot;Geografía e Historia
					Natural en las revistas de México, 1820-1860&quot;, en <italic>La geografía y
						las ciencias naturales en el siglo XIX mexicano</italic>, editado por Luz
					Fernanda Azuela y Rodrigo Vega y Ortega (México: UNAM , 2011),
					51-80.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Vega y Ortega</surname>
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					<chapter-title>Geografía e Historia Natural en las revistas de México,
						1820-1860</chapter-title>
					<source>La geografía y las ciencias naturales en el siglo XIX mexicano</source>
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					<publisher-name>UNAM</publisher-name>
					<year>2011</year>
					<fpage>51</fpage>
					<lpage>80</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B38">
				<mixed-citation>Rogelio Jiménez, &quot;La introducción del tabaco en San Andrés
					Tuxtla, Veracruz: cambios económicos y ecológicos en una región del sotavento
					veracruzano&quot;, en <italic>Memorias del Segundo Congreso Nacional de Estudios
						Regionales y la Multidisciplinariedad en la Historia</italic>, coordinado
					por Marciano Netzahualcoyotzi (Tlaxcala: Universidad Autónoma de Tlaxcala,
					2012), 133-134.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Jiménez</surname>
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					<chapter-title>La introducción del tabaco en San Andrés Tuxtla, Veracruz:
						cambios económicos y ecológicos en una región del sotavento
						veracruzano</chapter-title>
					<source>Memorias del Segundo Congreso Nacional de Estudios Regionales y la
						Multidisciplinariedad en la Historia</source>
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							<given-names>Marciano</given-names>
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					<publisher-name>Universidad Autónoma de Tlaxcala</publisher-name>
					<year>2012</year>
					<fpage>133</fpage>
					<lpage>134</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B39">
				<mixed-citation>Sergio Cañedo, <italic>Los ríos son la riqueza de la nación: un
						proyecto de navegación en los ríos Pánuco y Tamuín 1830-1832</italic> (San
					Luis Potosí: El Colegio de San Luis, 1997).</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Cañedo</surname>
							<given-names>Sergio</given-names>
						</name>
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					<source>Los ríos son la riqueza de la nación: un proyecto de navegación en los
						ríos Pánuco y Tamuín 1830-1832</source>
					<publisher-loc>San Luis Potosí</publisher-loc>
					<publisher-name>El Colegio de San Luis</publisher-name>
					<year>1997</year>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B40">
				<mixed-citation>Simón Tadeo Ortiz de Ayala, <italic>México considerado como nación
						independiente y libre</italic> (Burdeos: Imprenta de Carlos Lawalle Sobrino,
					1832), 382.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Ortiz de Ayala</surname>
							<given-names>Simón Tadeo</given-names>
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					<source>México considerado como nación independiente y libre</source>
					<publisher-loc>Burdeos</publisher-loc>
					<publisher-name>Imprenta de Carlos Lawalle Sobrino</publisher-name>
					<year>1832</year>
					<fpage>382</fpage>
					<lpage>382</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
		</ref-list>
		<fn-group>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>1</label>
				<p>Esta investigación es parte del proyecto PAPIIT núm. IN 302416: &quot;Las investigaciones geográficas y naturalistas en México (1786-1950)&quot;. Responsable, Dra. Luz Fernanda Azuela Bernal, Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). También es parte del proyecto PIFFYL (2015-032) &quot;Historia ambiental iberoamericana (siglos XIX y XX): propuestas historiográficas y metodológicas&quot;. Responsable, Dr. Rodrigo Vega y Ortega, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>Véase Patricia Dussel y Roberto Herrera, &quot;Repercusiones socioeconómicas del cambio de
					curso del Río Salado en la segunda mitad del siglo XVIII&quot;, en
						<italic>Estudios sobre historia y ambiente en América. Argentina, Bolivia,
						México y Paraguay</italic>, coordinado por Bernardo García Martínez y Alba
					González Jácome (México: El Colegio de México-Instituto Panamericano de
					Geografía e Historia, 1999), 137-150; Israel Sandré, &quot;Entre la
					subordinación y la autogestión, las juntas de aguas en la gestión del agua un
					caso: la Junta de Aguas del río Cuautitlán 1922-1941&quot;, en <italic>El agua
						en la historia de México. Balance y perspectiva</italic>, editado por Juan
					Manuel Durán, Martín Sánchez y Antonio Escobar (Zamora: El Colegio de
					Michoacán-Universidad de Guadalajara, 2005), 289-322; Gilmar Arruda,
					&quot;Historia de ríos ¿Historia ambiental?&quot;, <italic>Signos
						Históricos</italic> 16 (2006): 16-45; y Alma Parra, &quot;Los orígenes de la
					industria eléctrica en México: las compañías británicas de electricidad
					(1900-1929)&quot;, <italic>Historias</italic> 19 (1988): 139-158.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p>La figura del amateur se refiere a los individuos que carecían de un certificado de estudios superiores en alguna rama de la ciencia, es decir, los profesionales -médicos, ingenieros y farmacéuticos-, por ejemplo abogados, hacendados, empresarios, sacerdotes, funcionarios de gobierno, rancheros, silvicultores, artesanos e incluso mujeres. Varios de los geógrafos amateurs del siglo XIX se les puede considerar como letrados, ya que eran lectores y autores de textos científicos que se discutían públicamente en libros, folletos, prensa y reuniones. Bajo la categoría del amateur, en la historia social de la ciencia no sólo se toman en cuenta a los ingenieros geógrafos como practicantes de la Geografía mexicana, sino a los actores antes señalados.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p>Real Academia Española, <italic>Diccionario de la lengua castellana en que se explica el
						verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o
						modos de hablar, los proverbios ó refranes, y otras cosas convenientes al
						uso de la lengua. Dedicado al Rey Nuestro Señor Don Phelipe V. (Que Dios
						guarde) a cuyas reales expensas se hace esta obra</italic>, vol. V (Madrid:
					Imprenta de la Real Academia Española, 1734), 586.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p>Joaquín Álvarez, <italic>Los hombres de letras en la España del siglo XVIII: apóstoles y
						arribistas</italic> (Madrid: Castalia, 2006), 19.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p>Peter Burke, <italic>Venecia y Ámsterdam. Estudio sobre las élites del siglo XVII</italic>
					(Barcelona: Gedisa, 1996).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>7</label>
				<p>Horacio Capel, &quot;Los diccionarios geográficos de la Ilustración española&quot;, en
						<italic>La geografía de la Ilustración</italic>, coordinado por Omar Moncada
					(México: UNAM, 2003), 115.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>8</label>
				<p>Capel, &quot;Los diccionarios&quot;, 133.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>9</label>
				<p>Véase Antonia Pi-Suñer, &quot;Una gran empresa cultural de mediados del siglo XIX: el
						<italic>Diccionario Universal de Historia y Geografía</italic>&quot;, en
						<italic>Empresa y cultura en tinta y papel</italic> (1800-1860), coordinado
					por Laura Suárez (México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
					Mora-UNAM, 2001), 409-418.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>10</label>
				<p>En 1820 y 1830, Ortiz de Ayala desarrolló algunos estudios geográficos y naturalistas con miras económicas y de colonización en varias regiones del país por encargo de distintos gobernantes.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>11</label>
				<p>Simón Tadeo Ortiz de Ayala, <italic>México considerado como nación independiente y
						libre</italic> (Burdeos: Imprenta de Carlos Lawalle Sobrino, 1832), 382.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn12">
				<label>12</label>
				<p>Agustí Nieto, <italic>Los públicos de la ciencia. Expertos y profanos a través de la
						historia</italic> (Madrid: Fundación Jorge Juan-Marcial Pons Historia,
					2011), 135.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn13">
				<label>13</label>
				<p>Véase Luis Aboites, &quot;Del agua nacional al agua mercantil ambiental. Algunas ideas para
					hacer una investigación sobre historia contemporánea de los usos del agua en
					México&quot;, en <italic>El agua en la historia de México. Balance y
						perspectiva</italic>, editado por Juan Manuel Durán, Martín Sánchez y
					Antonio Escobar (Zamora: El Colegio de Michoacán-Universidad de Guadalajara,
					2005), 25-35.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn14">
				<label>14</label>
				<p>Los letrados de las regiones mexicanas que practicaban la Geografía amateur desarrollaron
					varios estudios hidrográficos entre 1821 y 1860, por ejemplo los analizados en
					Sergio Cañedo, <italic>Los ríos son la riqueza de la nación: un proyecto de
						navegación en los ríos Pánuco y Tamuín 1830-1832</italic> (San Luis Potosí:
					El Colegio de San Luis, 1997).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn15">
				<label>15</label>
				<p>Sobre los contenidos temáticos véase Antonia Pi-Suñer, Catálogo de los artículos sobre México en el Diccionario Universal de Historia y de Geografía (México: UNAM, 1997).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn16">
				<label>16</label>
				<p>Guiomar Germani y Luiz Antonio de Souza, &quot;La apropiación del territorio y el control de
					los recursos naturales en Brasil&quot;, en <italic>La integración del territorio
						en una idea de Estado, México y Brasil, 1821-1946</italic>, editado por
					Eulalia Ribera, Héctor Mendoza y Pere Sunyer (México: UNAM-Instituto de
					Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2007), 58.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn17">
				<label>17</label>
				<p>Orozco y Berra desarrolló varias investigaciones geográficas a mediados del siglo XIX como parte del Ministerio de Fomento, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y la Academia Mexicana de la Lengua. En la Ciudad de México participó en numerosas tertulias cultas y dio a conocer distintos escritos científicos en la prensa del país.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn18">
				<label>18</label>
				<p>Para saber más sobre la organización del DUHG véase Editores, &quot;Introducción&quot;, en
						<italic>Diccionario Universal de Historia y Geografía obra dada a la luz en
						España por una sociedad de literatos distinguidos y refundida y aumentada
						considerablemente para su publicación en México con noticias históricas,
						geográficas, estadísticas y biográficas sobre las Américas en general, y
						especialmente sobre la República Mexicana</italic>, vol. 1 (México:
					Tipografía de R. de Rafael, 1853), II-III.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn19">
				<label>19</label>
				<p>Editores, &quot;Introducción&quot;, II.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn20">
				<label>20</label>
				<p>Luz Fernanda Azuela, &quot;Comisiones científicas en el siglo XIX mexicano: una estrategia de
					dominación a distancia&quot;, en <italic>La integración del territorio en una
						idea de Estado, México y Brasil, 1821-1946</italic>, editado por Eulalia
					Ribera, Héctor Mendoza y Pere Sunyer (México: UNAM-Instituto de Investigaciones
					Dr. José María Luis Mora, 2007), 91.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn21">
				<label>21</label>
				<p>Fernando González Dávila, &quot;Geografía e integración: nación y territorio. Reflexiones
					sobre el periodo 1821-1857&quot;, <italic>Revista del Seminario de Historia
						Mexicana</italic> I:3 (1998): 77-106.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn22">
				<label>22</label>
				<p>Luz Fernanda Azuela, &quot;La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la organización
					de la ciencia, la institucionalización de la Geografía y la construcción del
					país en el siglo XIX&quot;, <italic>Investigaciones Geográficas</italic> 52
					(2003): 153-166; Patricia Gómez Rey, &quot;Los espacios del territorio nacional
					en la segunda mitad del siglo XIX&quot;, en <italic>Naturaleza y territorio en
						la ciencia mexicana del siglo XIX</italic>, editado por Luz Fernanda Azuela
					y Rodrigo Vega y Ortega (México: UNAM, 2012), 197-214.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn23">
				<label>23</label>
				<p>Azuela, &quot;Comisiones científicas&quot;, 86.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn24">
				<label>24</label>
				<p>Rodrigo Vega y Ortega y Ana Lilia Sabás, &quot;Geografía e Historia Natural en las revistas
					de México, 1820-1860&quot;, en <italic>La geografía y las ciencias naturales en
						el siglo XIX mexicano</italic>, editado por Luz Fernanda Azuela y Rodrigo
					Vega y Ortega (México: UNAM, 2011), 51-80.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn25">
				<label>25</label>
				<p>Los datos hemerográficos fueron tomados de María Lozano, &quot;La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (1833-1867). Un estudio de caso. La Estadística&quot; (tesis de licenciatura, UNAM, 1991).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn26">
				<label>26</label>
				<p>&quot;Coatzacoalcos&quot;, en <italic>Diccionario Universal de Historia y Geografía obra dada
						a la luz en España por una sociedad de literatos distinguidos y refundida y
						aumentada considerablemente para su publicación en México con noticias
						históricas, geográficas, estadísticas y biográficas sobre las Américas en
						general, y especialmente sobre la República Mexicana</italic>, vol. 8
					(México: Imprenta de F. Escalante y Cía., 1855), 580.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn27">
				<label>27</label>
				<p>Alfredo Delgado, &quot;La conformación de regiones en el Sotavento veracruzano: una
					aproximación histórica&quot;, en <italic>El Sotavento veracruzano. Procesos
						sociales y dinámicas territoriales</italic>, coordinado por Eric Leónard y
					Emilia Velázquez (México: CIESAS-Institut de Recherche pour le Développement,
					2000), 33-35.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn28">
				<label>28</label>
				<p>&quot;Coatzacoalcos&quot;, 581.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn29">
				<label>29</label>
				<p>&quot;Coatzacoalcos&quot;, 582.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn30">
				<label>30</label>
				<p>Minerva Oropeza, &quot;Poblamiento y colonización del Uxpanapa en el marco del Istmo veracruzano&quot;, en El Sotavento veracruzano, 50-53.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn31">
				<label>31</label>
				<p>M. Z. y Z. fue un prolífico letrado en cuanto a temas científicos del que hasta el momento se desconoce su nombre, pues no se le menciona en distintas investigaciones bibliográficas.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn32">
				<label>32</label>
				<p>M. Z. y Z, &quot;Río Usumacinta&quot;, en <italic>Diccionario Universal de Historia y
						Geografía obra dada a la luz en España por una sociedad de literatos
						distinguidos y refundida y aumentada considerablemente para su publicación
						en México con noticias históricas, geográficas, estadísticas y biográficas
						sobre las Américas en general, y especialmente sobre la República
						Mexicana</italic>, vol. 10 (México: Imprenta de F. Escalante y Cía., 1856),
					729.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn33">
				<label>33</label>
				<p>M. Z. y Z, &quot;Río Usumacinta&quot;, 729.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn34">
				<label>34</label>
				<p>M. Z. y Z, &quot;Río Usumacinta&quot;, 730.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn35">
				<label>35</label>
				<p>Julio Contreras, &quot;La red mercantil de Chiapas hacia los puertos de Villahermosa y
					Frontera, Tabasco, durante la segunda mitad del siglo XIX&quot;,
						<italic>Sotavento</italic> 9 (2001): 129-149.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn36">
				<label>36</label>
				<p>Mario Trujillo, <italic>El Golfo de México en la centuria decimonónica. Entorno geográfico,
						formación portuaria y configuración marítima</italic> (México: Miguel Angel
					Porrúa-CIESAS-H. Cámara de Diputados, 2005), 43-44.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn37">
				<label>37</label>
				<p>&quot;Exploración del río Bravo del Norte&quot;, en <italic>Diccionario Universal de Historia
						y Geografía</italic>, vol. 8, 393.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn38">
				<label>38</label>
				<p>&quot;Exploración del río Bravo del Norte&quot;, 393-394.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn39">
				<label>39</label>
				<p>Efrén Sandoval, &quot;El espacio económico Monterrey-San Antonio. Coyuntura histórica e
					integración regional&quot;, <italic>Frontera Norte</italic> 20:39 (2008):
					76-77.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn40">
				<label>40</label>
				<p>Múgica y Osorio fue un destacado político poblano que fungió como gobernador del Estado entre 1848 y 1851. Entre 1853 y 1854, bajo el gobierno de Antonio López de Santa Anna, ocupó el Ministerio de Fomento. Además de su actividad política, Múgica fue comerciante, dueño de molinos y de obrajes textiles.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn41">
				<label>41</label>
				<p>&quot;Mezcala&quot;, en <italic>Diccionario Universal de Historia y Geografía obra dada a la
						luz en España por una sociedad de literatos distinguidos y refundida y
						aumentada considerablemente para su publicación en México con noticias
						históricas, geográficas, estadísticas y biográficas sobre las Américas en
						general, y especialmente sobre la República Mexicana</italic>, vol. 5
					(México: Imprenta de F. Escalante y Cía., 1854), 271.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn42">
				<label>42</label>
				<p>&quot;Mezcala&quot;, 272-273.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn43">
				<label>43</label>
				<p>Gerónimo Verdín fue un militar conservador que participó del lado monárquico durante la Intervención Francesa (1862-1863).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn44">
				<label>44</label>
				<p>&quot;Mezcala&quot;, 273.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn45">
				<label>45</label>
				<p>Luz Fernanda Azuela, Ana Sabás y Ana Smith, &quot;La Geografía y la Historia Natural en las
					revistas literarias de la primera mitad del siglo XIX&quot;, en
						<italic>Geografía e Historia Natural: hacia una historia comparada. Estudios
						a través de Argentina, México, Costa Rica y Paraguay</italic>, vol. 1,
					coordinado por Celina Lértora (Buenos Aires: Fundación para el Estudio del
					Pensamiento Argentino e Iberoamericano, 2008), 61.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn46">
				<label>46</label>
				<p>Este humanista mexicano participó en varias de las instituciones científicas mexicanas, por ejemplo fue el primer presidente del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (1833), el primer presidente de la Academia Mexicana de la Lengua (1834) y el tercer presidente de la Junta Directiva del Museo Nacional y Jardín Botánico (1852).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn47">
				<label>47</label>
				<p>José Justo Gómez de la Cortina, &quot;Cascada de Guachinango&quot;, en <italic>Diccionario
						Universal de Historia y Geografía obra dada a la luz en España por una
						sociedad de literatos distinguidos y refundida y aumentada considerablemente
						para su publicación en México con noticias históricas, geográficas,
						estadísticas y biográficas sobre las Américas en general, y especialmente
						sobre la República Mexicana</italic>, vol. 9 (México: Imprenta de F.
					Escalante y Cía., 1856), 477.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn48">
				<label>48</label>
				<p>Gómez de la Cortina, &quot;Cascada de Guachinango&quot;, 477.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn49">
				<label>49</label>
				<p>Gómez de la Cortina, &quot;Cascada de Guachinango&quot;, 478.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn50">
				<label>50</label>
				<p>Este artículo del DUHG fue muy popular entre el público interesado en la geografía mexicana,
					por lo que se reprodujo en el Boletín de la SMGE en 1860. Véase José Justo Gómez
					de la Cortina, &quot;Cascada de Huauchinango&quot;, <italic>Boletín de la
						Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística</italic>, vol. 8, 1860,
					155-156.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn51">
				<label>51</label>
				<p>&quot;Cascada de Rincón Grande&quot;, en <italic>Diccionario Universal de Historia y
						Geografía obra dada a la luz en España por una sociedad de literatos
						distinguidos y refundida y aumentada considerablemente para su publicación
						en México con noticias históricas, geográficas, estadísticas y biográficas
						sobre las Américas en general, y especialmente sobre la República
						Mexicana</italic>, vol. 2 (México: Tipografía de R. de Rafael, 1853),
					245.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn52">
				<label>52</label>
				<p>Aurora Gómez Galvarriato y Bernardo García, &quot;La industria textil del valle de Orizaba y
					sus trabajadores: fuentes locales para su estudio&quot;, <italic>América Latina
						en la Historia Económica</italic> 2:4 (1995): 59.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn53">
				<label>53</label>
				<p>Payno fue un letrado que trabajó en distintos ministerios durante la primera mitad del siglo XIX. También fue catedrático de la Escuela Nacional Preparatoria y la Escuela Nacional de Comercio en 1860 y 1870. En 1880 se desempeñó como cónsul en Santander y Barcelona.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn54">
				<label>54</label>
				<p>Manuel Payno, &quot;Cascada de la Orduña&quot;, en <italic>Diccionario Universal de Historia
						y Geografía</italic>, vol. 10, 83.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn55">
				<label>55</label>
				<p>Romero de Terreros fue un militar y terrateniente de la élite del centro del país que desarrolló varias empresas culturales, algunas de ellas de carácter científico, como la donación de objetos al Museo Nacional y al Jardín Botánico.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn56">
				<label>56</label>
				<p>&quot;Cascada de Regla&quot;, en <italic>Diccionario Universal de Historia y
						Geografía</italic>, vol. 2, 245.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn57">
				<label>57</label>
				<p>Villaseñor fue un destacado literato jalisciense que es más conocido por sus obras de teatro y poesías que por su actividad científica. Participó en varias tertulias y revistas culturales de Guadalajara.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn58">
				<label>58</label>
				<p>Pablo J. Villaseñor, &quot;Salto de Juanacatlán&quot;, en <italic>Diccionario Universal de
						Historia y Geografía</italic>, vol. 10, 310.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn59">
				<label>59</label>
				<p>Luis Antonio Ibáñez, &quot;Las plantas hidroeléctricas, una tipología de arquitectura industrial. Generalidades y singularidades en México: el sistema hidroeléctrico de la fábrica textil El Mayorazgo, Puebla y la planta El Salto, Jalisco&quot; (tesis de maestría, UNAM, 2015), 115-116.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn60">
				<label>60</label>
				<p>Elio Martínez y María de la Paz Ramos, &quot;Funciones de los ingenieros inspectores de las
					obras del complejo Hidroeléctrico de Necaxa&quot;, <italic>Historia
						Mexicana</italic> 56:221 (2006): 231-286.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn61">
				<label>61</label>
				<p>Manuel Orozco y Berra, &quot;Lago de Chapala&quot;, en <italic>Diccionario Universal de
						Historia y Geografía</italic>, vol. 2, 668.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn62">
				<label>62</label>
				<p>Orozco y Berra, &quot;Lago de Chapala&quot;, 669.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn63">
				<label>63</label>
				<p>De Galeotti fue un botánico belga que recorrió en varias ocasiones las regiones mexicanas en busca de plantas para aclimatarlas en Europa. Entre 1853 y 1858 se desempeñó como director del Jardín Botánico de Bruselas.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn64">
				<label>64</label>
				<p>Luz Fernanda Azuela, &quot;El territorio mexicano en los estudios de los viajeros del siglo
					XIX&quot;, en <italic>Naturaleza y territorio en la ciencia mexicana del siglo
						XIX</italic>, editado por Luz Fernanda Azuela y Rodrigo Vega y Ortega
					(México: UNAM, 2012), 85-106.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn65">
				<label>65</label>
				<p>Henri de Galeotti, &quot;Chapala&quot;, en <italic>Diccionario Universal de Historia y
						Geografía</italic>, vol. 9, 21.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn66">
				<label>66</label>
				<p>De Galeotti, &quot;Chapala&quot;, 22.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn67">
				<label>67</label>
				<p>Brigitte Boehm, &quot;Historia de la tecnología hidráulica: cultura y medio ambiente en la
					cuenca del Lerma-Chapala&quot;, <italic>Estudios Michoacanos</italic> 10 (2003):
					37-76.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn68">
				<label>68</label>
				<p>Galeotti, &quot;Chapala&quot;, 22.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn69">
				<label>69</label>
				<p>Pablo J. Villaseñor, &quot;Lago de Chapala&quot;, en <italic>Diccionario Universal de
						Historia y Geografía</italic>, vol. 2, 667.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn70">
				<label>70</label>
				<p>Soto Ramos fue un político que desarrolló actividades geográficas para el reconocimiento físico del estado de Veracruz durante sus campañas militares, además de que participó en distintos periódicos veracruzanos y capitalinos.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn71">
				<label>71</label>
				<p>Juan Soto Ramos, &quot;Laguna de Catemaco&quot;, en <italic>Diccionario Universal de Historia
						y Geografía</italic>, vol. 8, 549.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn72">
				<label>72</label>
				<p>Soto Ramos, &quot;Laguna de Catemaco&quot;, 550.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn73">
				<label>73</label>
				<p>Rogelio Jiménez, &quot;La introducción del tabaco en San Andrés Tuxtla, Veracruz: cambios
					económicos y ecológicos en una región del sotavento veracruzano&quot;, en
						<italic>Memorias del Segundo Congreso Nacional de Estudios Regionales y la
						Multidisciplinariedad en la Historia</italic>, coordinado por Marciano
					Netzahualcoyotzi (Tlaxcala: Universidad Autónoma de Tlaxcala, 2012),
					133-134.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn74">
				<label>74</label>
				<p>Aboites, &quot;Del agua nacional al agua mercantil&quot;, 25.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn75">
				<label>75</label>
				<p>Francisco Mendonça, <italic>Geografia e meio ambiente</italic> (Sao Paulo: Contexto,
					2004).</p>
			</fn>
		</fn-group>
	</back>
</article>